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jueves, 27 de noviembre de 2014
PLATÓN. Esquema del "Mito de la caverna".
Aquí os dejamos este esquema del Mito de la caverna, de Platón, que os puede resultar muy útil para entender el pensamiento de este autor. En breve publicaremos los apuntes completos para poder estudiarlo de cara a vuestros exámenes.
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domingo, 4 de noviembre de 2012
PITÁGORAS DE SAMOS
A lo largo de las siguientes
líneas vamos a intentar dibujar el rostro de otro gran pensador de la
antigüedad, Pitágoras de Samos, uno más de los conocidos como “presocráticos”.
La influencia de Pitágoras llega hasta nuestros días, pese a lo raro que esto
pueda parecer, aún nos podemos encontrar con más de una persona que se declare
pitagórico, si bien, como veremos, no podemos enmarcar estrictamente ni a Pitágoras dentro de los pitagóricos, ni
a los que se consideran pitagóricos dentro de los pitagóricos de la antigüedad
que vamos a exponer.
Pitágoras
de Samos nació en el siglo VI a.n.e. en la isla del Egeo de la que heredó su
nombre. Al parecer no fue en su isla natal donde llevó la más importante de sus
proezas, sino que sería en la ciudad de Crotona donde, tras un exilio forzado,
encontró el lugar idóneo para instaurar su asociación
filosófico-político-religiosa por la que hoy día aún le recordamos. La creación
de esta secta y todo lo que se relaciona con ella aparece como un reducto de
resistencia “conservador” a las nuevas tendencias del pueblo helénico que
caminaba hacia sistemas cada vez más “democráticos”, donde los aristócratas
perdían parte de su poder y prestigio. Además, toda la figura del filósofo
Pitágoras está envuelta en un halo de “misterio” al estilo de las religiones de
redención, como veremos más adelante, donde Pitágoras aparecer como un “mesías”
o, más bien, como uno de los hijos de Apolo. Poco más podemos señalar de este
gran personaje al no haber escrito nada de su puño y letra, como hemos visto en
anteriores publicaciones, la tradición oral aún se imponía en la mentalidad
presocrática. Fue en la ciudad de Crotona donde los pitagóricos alcanzaron una
mayor cota de poder, hasta el extremo de sufrir alrededor del año 500 a.n.e.
una persecución y escarmiento por parte de los ciudadanos contrarios a la
secta, fecha en la que hay quien señala la muerte de Pitágoras como víctima de
estas acciones en las que prendieron fuego a las viviendas de los pitagóricos
más representativos[i].
Las
referencias directas a Pitágoras no existen, siempre tendremos que ir a las
fuentes que dicen tal o cual cosa de los pitagóricos, en Aristóteles, por
ejemplo, no encontramos referencias directas a Pitágoras, sino que habla de los
pitagóricos[ii]. Por
tanto, lo más interesante es tratar de exponer los cimientos del pitagorismo,
las ideas claves tras las que podemos intuir la presencia del fundador de la
secta pitagórica. Por ejemplo, entre muchos de sus alimentos tabú como las
habas cabe destacar que eran vegetarianos porque, como veremos más adelante,
pensaban que las personas tenían “alma” (psyke) y que ésta transmigraba de
animal en animal, por lo que si comías un animal posiblemente estuvieras
comiéndote a alguna persona o futura persona. Entre las peculiaridades de la organización
interna de la secta cabe destacar también que participaban por igual hombres y
mujeres. Y varias cosas más archiconocidas y que se pueden encontrar en
cualquier manual. Nosotros queremos hacernos eco de algunas cosas que
consideramos más interesantes por su originalidad, por su repercusión o por
ambas. Entre estas expondremos qué pensaba esta secta sobre el alma humana (psyke),
qué entendía por “matemáticas” y la relación realidad-número y, por último, el
“modo de vida pitagórico” como referente ético.
Al parecer
la secta de los pitagóricos debería mucho a su fundador la idea de que hay algo
parecido al alma (psyke) que es individual, que comparte su “esencia” con la
“esencia” del mundo (noûs), que es inmortal y, además, va de un cuerpo animado
a otro “purificándose” y perfeccionándose[iii]. Comencemos
con el concepto de “alma” que podrían tener los miembros activos de la secta
que co-fundaron con Pitágoras esta escuela. Debemos tener presente, como
dijimos cuando tratamos el tema de la psyke de Anaximandro, que no podemos
buscar en las palabras presocráticas referentes exactos por los que transcribir
o traducir a la actualidad. Para ello seguiremos la aproximación de Felipe
Martínez Marzoa sobre este concepto, por encontrarlo pedagógicamente
interesante[iv], en
la que nos dice que debemos entender el alma como el límite de la persona.
Vimos que entre los presocráticos se podía establecer que para que algo sea
debe estar dentro de algo que no es, o lo que es lo mismo, que para que una
persona pueda ser sí mismo primero debe alcanzar el estado de la “no
presencia”, la invisibilidad subyacente en cada ser humano, lo que realmente
define a tal o cual persona a través del tiempo no es su cuerpo cambiante, sino
ese “logos” interior que perdura y que podemos reconocer en cualquier situación
espacio temporal en la que nos encontremos, así sólo encontrará su figura real
quien muera, quien vaya al Hades[v]. Queremos
señalar la inercia por la que vemos en la hipótesis pitagórica de la existencia
del alma y su transmigración una “contaminación” oriental, ya que podemos
descubrir fácilmente que el pueblo helénico de aquella época tenía sus propios
puntos de vista a este referente como muestra la obra de Homero, Hesíodo y los
mismos ritos órficos. Los griegos tenían sus propias creencias e intuiciones
sobre lo que pudiera ser el alma humana, su castigo y su premio por los
crímenes o buenas acciones tras la muerte, su vuelta a la vida o su descanso o
castigo más o menos eterno. Lo original,
por tanto, no está en introducir la concepción cíclica del alma, o ciertos
hábitos “higiénicos” para purificar o mantener pura el alma, sino en la
“matematización” de la realidad. Lo interesante de esta Psyke es su unión con la
esencia del mundo matemático, esta capacidad comprensiva de la realidad es
producto de este origen ya que “lo semejante es conocido por lo semejante”[vi],
dando al alma humana no solo una cualidad especial, sino que la inscribe dentro
de la propia realidad del cosmos. La característica “cíclica” y “redentora” de
la transmigración de esta psyke de un cuerpo a otro sólo señala la necesidad
que Pitágoras tenía de asegurarse una posición privilegiada dentro de la secta
y que muchos aristócratas pudieran sentirse
atraídos por sus enseñanzas. Pero es en el “noús”, en la inteligencia humana,
donde reside la originalidad de la psyke pitagórica, es un alma principalmente
“racional” y su redención y perfeccionamiento se lleva a cabo por el estudio y
conocimiento de las matemáticas.
Donde
debemos poner el ojo para descubrir la brillantez de Pitágoras, por tanto, no
es tanto en el hecho de las supersticiones propias de la secta como de esta
inquietud por el estudio de las ciencias puras. Al fin y al cabo la
“purificación” del alma se da a través del conocimiento y del estudio del
“número”. De nuevo, no podemos asegurar que el Teorema de Pitágoras hubiera
sido descubierto o descrito por primera vez por el filósofo en cuestión, pero
tampoco esto es relevante. El estudio del número no se nos debe presentar como
algo abstracto, sino como el estudio cualitativo de la realidad, así no debemos
entender el “uno”, el “dos”, el “tres” o el “cuatro” como las realidades
cuantitativas que aprendemos en la escuela, sino más bien como las
características o cualidades de la realidad. El “uno” es la unidad, el uno
mismo, y debemos entenderla contrapuesta con el “dos” o alteridad. El “tres” es
el cierre ya que tres puntos forman la primera figura (el triángulo), mientras
el “cuatro” da lugar al primer “sólido”. Es difícil para la mentalidad actual
asimilar este tipo de perspectiva, y no cabe en estas líneas realizar un
análisis exhaustivo de los principales estudios realizados sobre la aritmética
y la geometría que no nos aporte una visión global de sus perspectivas. Por
otro lado, si que debemos señalar la
crisis por la que esta secta pasó algún tiempo después de su fundación al
descubrir la “inconmensurabilidad” de la diagonal del un triángulo rectángulo
cuyos catetos sean igual a la unidad, los números irracionales supusieron para
los pitagóricos un serio golpe en la estructura de la realidad. En otra línea
de exposición, cabe señalar la importancia del conocimiento musical en la forma
en que los pitagóricos entendían las matemáticas, las relaciones uno, dos, tres
y cuatro, dentro de los intervalos de las notas musicales que describieron los
antiguos presocráticos era una demostración para sus hipótesis. No era
casualidad que estos cuatro primero números fueran los primeros en aparecer en
el conocimiento de la música. Pitágoras hablaba de una “música de las esferas”,
una música en la naturaleza que no percibíamos porque habíamos estado expuestos
a ella desde el mismo momento nuestro nacimiento, y nuestros oídos se habían
hecho sordos a esta música[vii].
Para
terminar la aproximación a Pitágoras de Samos y la escuela que fundó debemos
hacer un alto para señalar el “modo de vida pitagórico”. Vimos unas líneas más
arriba cómo se había establecido la relación hombre-cosmos a través de la
naturaleza de la psyke, del alma humana, que gracias al “noús” podía conocer al
mundo al estar ambos compuestos de la misma sustancia. Por tanto, el pitagórico
ve en su práctica filosófica no sólo una satisfacción personal sino una forma
de vida que el maestro Pitágoras había ejemplificado. En un corto período de
tiempo la secta se fue organizando de una peculiar manera, dividiéndose entre
“matemáticos” y “acusmáticos”. Los matemáticos eran los que se dedicaban al
estudio propiamente dicho de la realidad, y sus enseñanzas eran aprendidas por
el resto del grupo que se habían convertido en acusmáticos, en oyentes. Así las
enseñanzas que los primeros daban a los segundos asentaban las costumbres
propias de una institución, sólo con el conocimiento y con el cumplimiento de las
“normas” que la élite da a los miembros de la secta es suficiente para alcanzar
la purificación, no debemos olvida que estos miembros también son élite. Y
entre los ciudadanos de la Grecia antigua se valoraba este esfuerzo y esta
forma peculiar de vivir en torno a una serie de conceptos previos, aparecen
como la primera forma de institución científica al igual que en la actualidad
contamos con los científicos o expertos por un lado y los legos por otro.
Podemos
cerrar esta exposición señalando la riqueza de perspectivas que aportó
Pitágoras al conocimiento de sus días, a la par que podemos hacernos eco de la
influencia a lo largo de los siglos de sus ideas sobre la naturaleza matemática
de la realidad, la organización divulgativa de su estructura, la peculiaridad
del alma, la importancia de los valores éticos y de llevar una forma de vida
acorde con determinados preceptos demostrados hacen merecedor a Pitágoras de
Samos y su escuela de un lugar destacado en la Historia de la Filosofía
Occidental.
[ii] Historia de la Filosofía Griega”. CAPÍTULO II: CIENCIA Y MÍSITICA.
Wilhelm Capelle. Gredos. Madrid. 1992.
[iii] Hemos entrecomillado las
palabras con las que nos expresamos con la intención de marcar que no es la
palabra en sentido actual, ni con la significación actual, y que pretendemos
aclararlas en lo que sigue.
[v] Ibídem: “Hades como
a-idés: invisible”.
[vi] Historia de la Filosofía Griega”. CAPÍTULO II: CIENCIA Y MÍSITICA.
Wilhelm Capelle. Gredos. Madrid. 1992.
[vii] Ibídem: “también los
planetas producen una armonía cósmica de las esferas, que nosotros no oímos
porque su sonido penetra incesantemente en nuestro oídos desde nuestro
nacimiento”. Queremos remitir un par de direcciones web donde podéis encontrar los diferentes sonidos de los planetas registrados por la sonda Voyager:
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sábado, 18 de agosto de 2012
Aproximación a Heráclito de Éfeso, el Oscuro.
Heráclito vivió en torno al siglo VI antes de nuestra era. No es un filósofo al estilo de los “nuevos físicos”, ni siquiera está en la línea de Pitágoras, algo más “místico” que aquellos, de hecho podríamos decir que no nos encontramos ante un filósofo, sino ante un sabio. No pretende mostrar una gran cantidad de conocimientos, su pretensión es más bien enseñar el camino hacia la verdad, hacia la esencia del mundo y su conocimiento, la sabiduría. Como muestra en el fragmento XXXV donde dice que “es necesario que los filósofos se informen de muchísimas cosas”, frente al fragmento XLI en el que podemos leer “pues una sola cosa es la sabiduría, conocer la inteligencia que gobierna todas las cosas”, podemos deducir que para nuestro autor no es lo mismo un filósofo que un sabio, saber muchas cosas no te asegura comprender la verdad (XLI). Los fragmentos de que disponemos son, en los mejores casos, de dudosa autoría referidos por autores no contemporáneos. Lo que hizo que Heráclito haya merecido el pseudónimo de “el Oscuro”.
La oscuridad que muestra Heráclito se nos presenta con una función metodológica muy importante. Al igual que Descartes lo hiciera con su “duda metódica” o Sócrates con su mayéutica, podemos ver cómo Heráclito nos presenta los contrarios para sacar a la luz la realidad subsistente. En el fragmento LX nos dice que “el camino hacia arriba y el hacia abajo es uno y el mismo camino”. Lo que nos muestra su filosofía del devenir, su lucha de contrarios que son uno y el mismo, como dos formas de aparecerse el mismo hecho. Efectivamente, sin hacer un análisis muy exhaustivo, podemos afirmar que el camino es sólo uno para el caminante, ya vaya hacia arriba o hacia abajo, la dirección es sólo un matiz, el valor que le apliquemos dependerá de nuestro conocimiento sobre la naturaleza, de nuestra comprensión del “logos”.
Este “logos” junto al “fuego” corresponden el pilar fundamental del pensamiento de Heráclito. El logos es el origen de todo, y el fuego es inteligencia y causa del gobierno de todas las cosas. La dualidad con la que percibimos la realidad es la causante de no llegar a comprender este “logos”, no poder despertar a su conocimiento. Nos dice en LXXXIX que “para los que han despertado hay un solo y mismo mundo, mientras que cada uno de los que aún duermen está vuelto hacia su propio mundo”. El hombre tiene la posibilidad de alcanzar el conocimiento del “logos”, de la sabiduría”, pero incomprensiblemente se estanca en ese estado de “niñez” en el que no se es capaz de elaborar nuestros propios razonamientos, en el que no somos capaces de conocer ni el “logos” ni a nosotros mismos. Nos muestra en II que “siendo el Logos común, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia particular”. Ya que los hombres que están despiertos se nos presentan como dormidos.
No es imposible acceder al logos sólo que no todos los hombres están dispuestos a vivir según este conocimiento. Todo lo contrario. Nos sigue guiando en otro fragmento y avisando de que “el nombre de Zeus admite y no admite proclamarse como la sabiduría” (XXXII). Efectivamente Zeus es sabiduría y no lo es, ser capaces de alcanzar este conocimiento es difícil por la misma condición humana que padece una de las enfermedades más especiales, “el pensamiento es una enfermedad sagrada” (XLVI). Al ser el Logos lo común, el origen de todo y el gobierno de todas las cosas, como el fuego, el hombre puede participar de esta comunión, pero prefiere seguir enjaulado o durmiendo sin abrir los ojos a la realidad, sigue en su obstinado mundo particular “aunque presentes están ausentes” (XXXIV).
Heráclito, como buen maestro nos apunta que “es prudente escuchar al Logos, no a mí, y reconocer que todas las cosas son uno” (L), en esta advertencia hay un grado mayor de sabiduría humana, porque que el Logos sea tal o cual cosa no lo es por la autoridad de Heráclito, sino porque simplemente lo es. Y que Zeus pueda y no pueda ser la sabiduría no es más que una consecuencia de lo mismo, que sea y no sea, el hecho de que los hombres no sepamos reconocer a los dioses ni a los héroes, “y dirigen oraciones a las estatuas, como si alguien pudiera hablar con los edificios; pues no conocen quiénes son los dioses y los héroes” (V). Parece un aviso ante la religión instaurada en rituales sinsentido, fuera de toda realidad. Heráclito nos habla de dios, para el que “todas las cosas son bellas, buenas y justas, pero los hombres suponen que unas son injustas y otras justas” (CII). Quien parece ese mismo Logos que está en el origen, para el que lo que es no es bueno o malo, sino simplemente aparece, existe. Por eso Zeus, el dios, puede ser y no ser sabiduría, porque el error está en el juicio del hombre, casi siempre precipitado y cargado de orgullo.
Es tal la disparidad y falta de unidad en los fragmentos que poseemos de Heráclito que parece tarea difícil intentar exponer una especie de “doctrina” heraclitiana. El acercamiento a los mismos debe hacerse siempre desde una perspectiva adecuada. Aunque hemos tratado de exponer las ideas fundamentales que podemos encontrar en cualquier manual, diccionario e introducción a esta obra que encontremos, lo que realmente merece la pena es reconocer la labor de este pensador en el mundo en que le tocó vivir y descubrir cómo sus preocupaciones y reflexiones no están tan alejadas del ser humano actual. El hecho de que compartamos la misma naturaleza, tanto humana como física, y sólo nos aleje el uso de la lengua, hacen de los fragmentos conservados de Heráclito una fuente inagotable de sabiduría y reflexión. Concluiremos repitiendo sus palabras “hay posibilidad par todo hombre de conocerse a sí mismo y ser sabio” (CXVI).
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