jueves, 6 de septiembre de 2012

Los albores del pensamiento europeo en Mileto.


A lo largo de esta entrada vamos a intentar dar una visión general de casi todo lo que se ha dicho sobre los “físicos de Mileto”. Debemos comenzar siendo conscientes de un par de datos: en primer lugar nos encontramos en el Siglo VI a. n. e. y, por tanto, han pasado más de 2500 años, y en segundo lugar no nos encontramos ante obras completas, ni siquiera estamos seguros de la autoría de los distintos fragmentos que poseemos. Al igual que pasara con Heráclito, de los tres “físicos de Mileto” no conservamos más que fragmentos y “noticias” o referencias de autores muy posteriores a su existencia.
Mileto era la gran polis helena del siglo VI a. n. e. El comercio con las grandes civilizaciones de la antigüedad, Egipto y Mesopotamia, hacía que el fluir de las mercancías y de las ideas impregnara  toda la sociedad. Siguiendo a B. Farrington en su Ciencia y filosofía en la antigüedad podemos afirmar que “la ciencia griega fue, por lo tanto, la resultante de un rico humanismo, una cultura cosmopolita y una emprendedora actividad mercantil”. De otra manera, podemos decir que la mentalidad griega hizo posible que los conocimientos aprehendidos de las grandes civilizaciones antiguas se trasmutasen en lo que debería llamarse un par de siglos más tarde “filosofía”. ¿Por qué? Porque podemos suponer que no sólo los griegos comerciaban con estas grandes civilizaciones sino que lo harían otros muchos pueblos y, aun así, fue el pueblo griego el que desarrolló esta nueva forma de aprehender el mundo.
El “milagro griego” que suele aparecer en los libros de texto, por tanto, no parece tan espectacular si tenemos en cuenta que posiblemente el pueblo griego es uno de los pueblos menos “religiosos” de la antigüedad. ¿Qué queremos decir con menos “religiosos”? Simplemente que lo que tenemos para conocer a sus dioses, además de los versos de Hesíodo, es la Ilíada y la Odisea de Homero, dos grandes obras poéticas donde se recogen muchos de los mitos y creencias de este pueblo, y que muestran el afán prometeico de los hombres griegos por zafarse el yugo de los dioses y ser quienes tracen su propio destino. Por un lado Aquiles elige morir joven en el campo de batalla y, por otro, Ulises llegará a casa venciendo a Poseidón. Esta mentalidad está bastante alejada de la de las culturas antiguas en las que el conocimiento era privilegio de la casta sacerdotal, de los iniciados, mientras que en los griegos no lo era de la misma forma.
Tres son los maestros que Aristóteles llamó “fisiólogos”: Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Ordenados de mayor a menor e intuyendo cierto magisterio, es decir, mostrándolos como maestro y alumno sucesivamente, así Tales es maestro de Anaximandro y éste lo es de Anaxímenes. La característica común de esta “escuela” es el hilozoísmo (idea por la que se piensa que la naturaleza está viva), los tres no diferenciarán entre lo material y lo inmaterial como dos sustancias distintas sino que irán estudiando la naturaleza hasta encontrar esta sustancia primordial que llene el mundo y que posibilite las cosas tal como son. Se preguntarán por el “principio” (arjhé) de la realidad, de la naturaleza (fisis). Paremos un momento y reflexionemos sobre algunos de los términos que nos muestran estos filósofos. El arjhé que traducimos normalmente como “principio” significaría algo así como “la pretensión de mencionar lo que siempre ya está”, como nos señala Felipe Martínez Marzoa en su Historia Antigua de la filsofía. La fisis es otra palabra difícilmente traducible por “naturaleza” en el sentido que acostumbramos, es algo así como el fluir del nacer y morir, brotar y perecer, verano e invierno… En fin, la vida y su fluir. El logos es el nombre con el que los griegos designaban al decir (legein), y significa algo muy parecido a “reunir en cuanto que reunir es separar” como señala Felipe Martínez Marzoa. Con este inciso queremos hacer hincapié en el hecho de que los fragmentos de que disponemos, además de escasos y de dudosa autoría, están elaborados en una época en la que la diferencia entre una cosa y otra es de matiz. El significado que los términos han ido adquiriendo a lo largo de los siglos está muy alejado de este griego arcaico, en el que lo que es de tal modo lo es porque no es de un modo diferente. Sin embrago, los conceptos tal y como los manejamos en la actualidad podría asemejarse más al momento helenístico, tras Platón y Aristóteles. Por este motivo, cuando más adelante digamos que “todo proviene del agua”, según la hipótesis de Tales, no debemos juzgar con frialdad este estado ingenuo del pensamiento. Sino haber comprendido que el esfuerzo que los físicos de Mileto realizaron tiene una gran importancia dentro del desarrollo intelectual humano. Fueron los primeros en desarrollar un sistema capaz de explicar el mundo, su origen, su funcionamiento y su posible fin sin aludir a fuerzas divinas, sino comprendiendo que la Naturaleza posee una esencia interna que es capaz de hacerla de esta manera y acabar con ella misma. Tal vez sus respuestas no nos parezcan muy convincentes, pero dieron los primeros pasos en la elaboración de la argumentación racional. Veamos qué aportó cada uno por separado y si podemos apreciar sus logros.
Tales de Mileto “es el primer hombre griego que ofrece una explicación general de la naturaleza sin invocar la ayuda de ningún poder sobrenatural" y que “expone su teoría como algo propio  y para justificarla recurre únicamente a la experiencia de cada hombre, no exigiendo a nadie que la acepte a menos que la encuentre verdadera”[i]. Ambas cosas son muy interesantes y debemos tenerlas muy en cuenta para valorar correctamente la importancia de la existencia de Tales de Mileto, su teoría mantenía que el principio o arjhé es el agua. Por lo tanto, todo lo que hay en el mundo es fruto de ésta, de la condensación o evaporación de la misma surgen todas las cosas. La tierra flota sobre un mar de agua, y las estrellas y astros del cielo son el fuego que surge tras la última evaporación del agua. Básicamente esta es la hipótesis cosmológica de Tales por la cual un único elemento es causa de todo lo que hay en la naturaleza. Que el arjhé es el agua quiere decir que todo es agua en uno u otro estado sólida, líquida y gaseosa. Pero lo más importante es que no hace falta nada más en su explicación, no se recurre a lo sobrenatural para explicar esto. Tras observar los imanes y su atracción de metales dedujo que “todo está lleno de dioses”. Esta máxima nos lleva por un lado al hilozoísmo ingenuo en el que se establece o se dota de cierta “vida” a la materia[ii], y por otro lado podemos entenderla como el aviso del maestro a los discípulos, pues bien podría estar haciendo alusión a la gravedad o importancia de lo que se dice y se investiga[iii].


Anaximandro, el paso fundamental del este pensador en relación con su maestro fue la capacidad de abstracción que demostró al presentar su arjhé como el to apeirón, lo indefinido, lo infinito. Ya no es una materia que podamos ver con los sentidos, sino que necesitaremos de la inteligencia para conocer esta sustancia indefinida de la que surgirá todo el universo conocido, desde el caos hasta llegar al cosmos. Si Tales fue el primero en no necesitar ningún poder sobrenatural, Anaximandro será el primero en  formular un sistema explicativo del Universo como Cosmos. El apeirón, lo infinito o indefinido, produce por sí mismo todo lo que podemos ver. Es algo “eterno”, “infinito en cantidad” y “dotado de movimiento”. Es eterno porque siempre ha existido y siempre existirá. Es infinito en cantidad para que el “devenir” del mundo no cese. Y está dotado de movimiento, probablemente circular. He aquí una intuición de nuestro autor que debemos remarcar. Este movimiento del que está dotado nos hace ver la intuición de que alguna “fuerza” o “ley” gobernaba la materia y hacía que este mundo, y cualesquiera otros que existirían yuxtapuestos, sea como es y al final descanse nuevamente en él[iv]. Esto es que desde el caos inicial, este movimiento del apeirón hace nacer el universo ordenado que percibimos, el cosmos. Por supuesto soluciona el problema de Tales de la flotabilidad de la tierra sobre el mar, la tierra para Anaximandro conserva su posición por la “equidistancia de todas las cosas”[v]. Por último, señalaremos la gran capacidad intuitiva de este pensador, más capaz que su predecesor y su sucesor de un pensamiento abstracto, que también contribuyó al esbozo de una suposición del “origen de las especies”. Para Anaximandro, tras la observación en tierra firme de restos de conchas, fósiles marinos, y de la inerme constitución humana le llevó a pensar que “los seres vivos nacieron del agua cuando ésta fue evaporada por el Sol. El hombre, al principio, parecía otro animal, concretamente un pez”[vi]. Ingeniosa intuición de un hombre 2.000 años antes que la expuesta por Darwin en su famosa obra.
Anaxímenes es el último de este trío tan peculiar en los albores del pensamiento occidental. Se nos presenta como una síntesis de sus predecesores. Por un lado vuelve un paso atrás en la definición del su arjhé, lo define como el aire, aér, la bruma que según los procesos de rarefacción y condensación van formando el mundo que conocemos. Su cosmología no es tan “sólida” como la de Anaximandro y recuerda mucho al maestro Tales, pero por otro lado conserva de aquél el haber elegido el único elemento material que no es perceptible por la vista. Por tanto podemos decir que su gran aportación está en ser inspirador de la corriente estoica en la que el pneuma gobierna el mundo. El concepto de psikhé, “que siendo aire, nos rige”, es posiblemente lo más interesante que hemos recibido del menor de los milesios. Pero sin duda psikhé, que en un primer momento significó “soplo de aire”, después “aliento”, posteriormente, “el principio vital del hombre”, y por último “el alma”[vii], no es algo por lo que ningunear o infravalorar el esfuerzo de este pensador que, como dijimos más arriba, será el inspirador del pneuma estoico.




[i] Ciencia y Filosofía en la Antigüedad. Benjamin Farrington. Ariel. Barcelona. 1986. Pg. 34.
[ii] Historia de la filosofía griega. Wilhelm Capelle. Gredos. Madrid. 1992. Pg. 22.
[iii] Historia antigua. Felipe Martínez Marzoa. Akal. Pg. 22.
[iv] “De allí mismo de donde las cosas brotan, allí encuentran también su destrucción, conforme a la ley. Pues ellas se pagan mutuamente expiación y penitencia por su injusticia, conforme la ordenación del tiempo.” Historia de la filosofía griega. Wilhelm Capelle. Gredos. Madrid. 1992. Pg. 29.
[v] “Anaximandro prescinde audazmente de la necesidad de soporte. Su mundo se equilibra y permanece en su sítio por obra de <la equidistancia de todas sus cosas>”. Ciencia y Filosofía en la Antigüedad. Benjamin Farrington. Ariel. Barcelona. 1986. Pg. 36.
[vi] Ibídem.  Pg 37.
[vii] Historia de la filosofía griega. Wilhelm Capelle. Gredos. Madrid. 1992. Pg. 30.

1 comentario:

Pako dijo...

Estupenda aproximación a estos tres pensadores tan interesantes.

Si me lo permites, hago un apunte sobre Tales: ¿acaso no es el agua el principio del que surge la totalidad de la biosfera? Todos los seres vivos que hay en el planeta Tierra necesitan agua para vivir y contienen agua en mayor o menor medida. El agua sí es, por lo tanto, el principio del que surge toda la vida. Genial lucidez la que tuvieron estos primeros físicos...