miércoles, 29 de julio de 2015

HUME. Tema I. La experiencia como origen del conocimiento. [Historia de la Filosofía, 2º de Bachiller]



El problema sobre el origen del conocimiento, sus fundamentos y sus límites, es una cuestión común de la Modernidad. Se produce un importante giro de la filosofía, que convierte al ser humano en el objetivo de sus reflexiones. La reflexión sobre la realidad, el ser, lo trascendente… pasa así a un segundo plano. En este intento por elaborar una ciencia del hombre, Hume llevará a cabo sus investigaciones sobre la naturaleza humana y sobre el entendimiento humano. Su punto de partida será la defensa y desarrollo de los principios empiristas y su crítica radical al innatismo.

Las tesis empiristas consideran que la experiencia sensible es el punto de partida de nuestro conocimiento. Se oponen así al innatismo de los racionalistas, quienes pensaban que el ser humano posee una serie de ideas innatas a partir de las cuales, al margen de lo sensible, nuestra razón es capaz de alcanzar el conocimiento. Para los empiristas, en cambio, nuestra mente es como una hoja en blanco sobre la cual vamos escribiendo al ritmo que nos marcan nuestras experiencias.

Todo contenido mental es, para Hume, una percepción. Estas percepciones se dividen en dos: impresiones, cuando son el resultado de sentir, e ideas, cuando son el resultado de pensar. Esto supone una novedad con respecto a otros autores anteriores que, como Descartes o Locke, llamaban idea a cualquier contenido de nuestra mente, de modo que la distinción entre aquellas ideas que proceden de la experiencia y aquellas otras que proceden del pensamiento no quedaba del todo clara.

a) IMPRESIONES. Son los datos de nuestra experiencia: los sentidos (impresiones de sensación), las emociones y las pasiones (impresiones de reflexión). Llegan a nuestra conciencia con mayor fuerza y vivacidad que las ideas, de un modo más claro y directo. En ellas encontramos el origen de nuestro conocimiento, ya que para Hume, como buen empirista, todo conocimiento procede de la experiencia.

Hay dos tipos de impresiones:

1. Impresiones de sensación. Son los elementos de la experiencia externa. Se perciben por los sentidos y tienen su origen en el mundo exterior. En ellas incluimos todo tipo de sensaciones: calor-frío, dolor-placer, colores, sonidos, sabores, texturas, tamaños, formas… Estas impresiones van dejando en nuestra mente huellas o copias del original que, más tarde, nuestra memoria y nuestra imaginación serán capaces de recrear, dando lugar a las correspondientes ideas de calor-frío, dolor-placer, colores…

2. Impresiones de reflexión. Son los elementos de la experiencia interna. Son las emociones y las pasiones que se despiertan en nuestra mente cuando pensamos en algo. Las ideas de calor-frío, por ejemplo, no nos calientan ni nos enfrían pero sí pueden despertar en nosotros el deseo de calentarnos o refrescarnos. Se trata de la mente percibiéndose a sí misma.

b) IDEAS. Son copias de las impresiones, imágenes o huellas debilitadas que van quedando en nuestra mente como un rastro de la experiencia.

Al igual que ocurre con las impresiones, también existen dos tipos de ideas:

1. Ideas de la memoria. Son reproducciones fieles de las impresiones, que aparecen en nuestra mente tal y como se dieron en la experiencia.

2. Ideas de la imaginación. Se forman por asociación o alteración de nuestras ideas de la memoria.

Básicamente, la distinción entre impresiones e ideas se corresponde con la diferencia que existe entre la percepción del dolor cuando nos damos un golpe y la percepción de ese mismo dolor cuando recordamos, más tarde, el golpe que nos hemos dado.

Tanto las impresiones como las ideas pueden subdividirse en simples y complejas: las impresiones e ideas simples son aquellas que no pueden descomponerse en otras impresiones e ideas más sencillas; las impresiones e ideas complejas, por su parte, estarían formadas por la suma de dos o más impresiones o ideas simples. Veamos esto con el siguiente ejemplo:

-Impresión simple 1. Color blanco de una superficie cubierta por la nieve.
-Idea simple 1. Recuerdo del color blanco.

-Impresión simple 2. Formas cubiertas por la nieve, tales como edificios, coches, árboles…
-Idea simple 2. Recuerdo de las formas anteriores.

-Impresión compleja. Una ciudad nevada.
-Idea compleja. Recuerdo de una ciudad nevada.

Ahora bien, ¿de qué modo asociamos ideas en nuestra mente? Hume opina que existe una fuerza parecida a la atracción gravitatoria que afecta a los cuerpos, y dicha fuerza afectaría a las ideas de un modo parecido. Para explicar esto, establece tres principios o leyes de asociación entre ideas:

I. Semejanza. Asociamos ideas que tienen cierta semejanza entre sí. Una imagen en una fotografía, por ejemplo, nos conduciría al modelo original de esa foto. Del mismo modo, la idea de caballo puede conducirnos a la idea de cebra por el parecido existente entre estos dos animales.

II. Contigüidad espacio-temporal. Las ideas también pueden asociarse por encontrarse próximas en el tiempo o en el espacio; es decir, cuando las ideas relacionadas se corresponden con impresiones que han ocurrido en un mismo lugar o en un mismo momento (o en lugares y momentos cercanos). El recuerdo de un viaje a África puede traer a mi memoria el recuerdo de las cebras que había allí, ya que ambas ideas están relacionadas con impresiones que ocurrieron en un mismo momento y en un mismo lugar.

III. Causalidad. Entre las ideas también existe una relación de causa y efecto, de modo que el recuerdo de una puede conducirnos a la otra. Si recuerdo una lesión que me hice hace tiempo, puedo asociar esa idea tanto a su causa (una caída) como a su efecto (el dolor que me provocó). Entre cada una de estas tres ideas existe una relación de causalidad que se podría extender a lo largo de una cadena más larga de causas y efectos. 

La experiencia es la única fuente válida para el conocimiento. O, dicho de otro modo, no podemos conocer nada que esté más allá de la experiencia. Así, la experiencia es a la vez origen y límite del conocimiento, ya que sólo conocemos a partir de ella y nunca más allá de ella.

Cada idea que hay en nuestra mente, ya sea simple o compleja, tiene su origen en una impresión determinada. Incluso aquellas ideas complejas que provienen de la asociación de distintas ideas simples (recordemos que las ideas se asocian entre sí siguiendo los principios de semejanza, contigüidad espacio-temporal y causalidad) proviene, en última instancia, de las impresiones simples que dieron origen a dichas ideas simples. Cuando esto no es así, cuando una idea determinada no tiene su correspondiente impresión previa, nos encontramos ante una palabra vacía, un término metafísico, una abstracción sin contenido real, una ficción que no nos aporta ningún conocimiento.

Este planteamiento es lo que se conoce como principio de copia, y será empleado por los empiristas como criterio para determinar si un conocimiento tiene o no alguna validez. Una idea es válida sólo cuando podemos determinar qué impresión está en su origen. En caso contrario, la idea no tendrá validez epistemológica y quedará reducida a simple ficción metafísica. Por lo tanto, las impresiones son los átomos que componen la materia de nuestro conocimiento.

Hume aportará dos argumentos para defender este principio:

1) Es imposible tener ideas que no provengan de la experiencia. Las ideas innatas no existen. Incluso cuando tenemos ideas compuestas muy elaboradas y alejadas de su correspondiente impresión compuesta, éstas siempre se pueden analizar en ideas simples que tienen su origen en impresiones simples. Por ejemplo, podemos tener la idea compuesta de un “dragón que escupe fuego”; obviamente, jamás hemos experimentado la impresión compuesta correspondiente a ese hipotético dragón; pero, si indagamos lo suficiente, podemos descomponer dicha idea compuesta en otras ideas más simples, cada una de las cuales está relacionada con su correspondiente impresión simple: “fuego”, “reptil”, “tamaño”… Las ficciones, por lo tanto, al margen de su falta de validez como conocimientos, también tienen su origen último en la experiencia.

2) Las ideas siempre son copias de impresiones. Si una persona carece de un sentido, es imposible que adquiera las ideas propias de ese sentido (una persona ciega no puede tener ideas de colores o formas). Así mismo, si alguien nos habla de un objeto que jamás hemos visto o experimentado no seremos capaces de hacernos una idea acertada de dicho objeto (si no conocemos la txalaparta, instrumento típico del folk vasco, no sabremos qué forma tiene, ni cómo se toca, ni cuáles son los sonidos que emite). Y por último, tampoco somos capaces de tener ideas correspondientes a sentidos o facultades propias de otra especie (por más que nos esforcemos, jamás sabremos cómo son los colores infrarrojos o ultravioletas, del mismo modo que no podremos imaginar cómo son los ultra e infra sonidos).

Además del principio de copia, Hume añade otro principio que nos ayuda a clarificar la validez de nuestros conocimientos: este principio se conoce como horquilla de Hume.

Según la horquilla de Hume, existen dos tipos de conocimiento: relaciones de ideas y cuestiones de hecho.

1) Relaciones de ideas. Son enunciados propios de las ciencias formales, como la Lógica o las Matemáticas. Pueden ser de dos tipos: intuitivamente ciertos o demostrativamente ciertos. Su verdad no depende de la experiencia ni de los sentidos, sino de las relaciones entre las distintas ideas que forman el enunciado. La razón funciona, por lo tanto, al margen de la experiencia, aunque en última instancia las ideas que investiga tienen su origen en ella. Las relaciones de ideas deben cumplir con el principio de no contradicción y se trata de verdades necesarias y a priori.

Ejemplo: El todo es mayor que las partes.

2) Cuestiones de hecho. Son enunciados propios de las ciencias naturales y sociales, así como también la mayoría de los enunciados de nuestra vida cotidiana. Su veracidad depende de la experiencia, de modo que debemos recurrir a los sentidos para comprobar si son verdaderas o falsas. Se refieren, por lo tanto, a hechos que pueden ocurrir o no, de modo que no son necesarios sino probables. Son a posteriori y pueden incumplir el principio de no contradicción.

Ejemplo: El sol saldrá mañana / El sol no saldrá mañana. Cualquiera de las dos cosas podría ocurrir (es decir, una y su contraria), y que sean o no verdad va a depender de los hechos y de nuestra experiencia. 

Francisco García Morales
Profesor de Filosofía 

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